Tuesday, December 16, 2014

Yo fumo verdad: 10 supuestos sobre la novísima novela policial y política venezolana, a partir de El Clan Perverso de Numa Frías Mileo


Yo fumo verdad: 10 supuestos sobre la novísima novela policial y política venezolana, a partir de El Clan Perverso de Numa Frías Mileo
Joaquín Ortega

I

Vemos a un hombre de mediana edad, sentado en un largo taburete de un vestidor. Tras de él, contra una hilera de lockers, se sostienen un juego de palos de golf en su estuche. Está descalzo, con unas medias de nylon que van de blancas a amarillentas. Lleva puesta una chemise amarilla, del tipo Lacoste y unos pantalones a cuadros, que nos revelan a un jugador, parte de un club. Descansa viéndonos. En su mano derecha, sostiene un cigarro, debajo de ésta completan el cuadro: un cenicero, una caja de fósforos cerrada, una lista de aciertos en el juego y un bolígrafo de alta factura. Arriba se lee un selling line: I Smoke True

II

Apunta Argenis Monroy en su texto “Ajuste de cuentas: panorama de la novela negra venezolana contemporánea, pp. 147-176.” Publicado en VOZ Y ESCRITURA. REVISTA DE ESTUDIOS LITERARIOS. Nº 21, enero-diciembre 2013.  

“Una singular arquitectura rediseña los espacios públicos y privados. La psicología de la sospecha, del miedo y del temor, marca las nuevas formas de convivencia social3. De la mano de la violencia, el delincuente recorre el territorio nacional. Tras de sí, queda la huella imborrable del secuestro, el asesinato, la violación, el asalto… Diariamente, los medios de comunicación social retratan el rostro macilento del delito y con él, el de la víctima y el victimario. La serie de dibujos animados “Cárcel o Infierno” elaborada por Luidig Ochoa y transmitida en youtube, películas como La hora Cero (2010) dirigida por Diego Velasco o Las caras del Diablo (2010) de Carlos Malavé, la proliferación del hip-hop como género musical que construye relatos autobiográficos sobre la vida de jóvenes delincuentes y libros de periodismo investigativo como Sangre en el diván (2010) y El grito ignorado (2012) de Ibéyise Pacheco, A ese muchacho lo van a matar. Crimen de Estado (2012) de María Angélica Correa y Afiuni: la presa del Comandante (2012) del periodista Francisco Olivares, dan cuenta de una gama de artefactos culturales que buscan demarcar la geografía social de la Venezuela de la última década como uno de los países más violentos de Latinoamérica.

Entre los múltiples relatos sobre el tema de la violencia, el interés de este artículo está en explorar y sistematizar la narrativa venezolana del siglo XXI que utiliza el tema del crimen y la violencia con engarce ficcional e ideológico para imaginar la nación desde ese otro lugar, siniestro, apocalíptico, monstruoso, delincuencial y, que dentro de los géneros literarios, se denomina novela negra o policial. El auge de la literatura negra está asociado también a la crisis económica, política y social que sufre una nación. Pareciera que con el relato criminal, el autor quisiera no sólo descubrir el enigma del crimen que se comete en la ficción, sino también los intríngulis que llevan a un país al deterioro de sus instituciones; es como si la realidad le cediera el paso a la ficción para comprender la lógica del presente y para asumir la crisis como una consecuencia de una serie de crímenes (económicos, políticos o sociales) que se han cometido en el territorio nacional. En este sentido, como afirma Francisco Pérez Arce (Paco Arce), “cualquier novela policiaca es eminentemente política” (2012:1)

La novela negra venezolana de la última década ofrece en sus páginas un retrato de la realidad política, social y económica contemporánea. Construir un mapa de la novela negra venezolana del siglo XXI pareciera en un primer momento un tarea fácil, porque, por un lado, no son muchos los autores dedicados a este género, y por el otro, en sí las obras policiales no son numerosas, aunque el tema del delito y de la violencia cuenta con una extensa producción narrativa en nuestro país. Dentro de los escritores venezolanos que en los últimos años han publicado narrativa que podemos considerar como género negro están los siguientes: Israel Centeno con la novela El complot (2002); Marcos Tarre Briceño con las obras Bala Morena (2004), Atentado V.I.P. ¡Cuidado Miraflores! (2008) y Rojo Express (2010); Luis Medina que publicó en el 2005, Matándolas a todas; Roberto Echeto con la novela No habrá final (2006); Eloi Yagüe con Cuando amas debes partir (2006) y Amantes letales (2012); Alexis Rosas con Los últimos pájaros de la tarde (2004) y El juicio es de Dios (2007); Valentina Saa que publicó en la colección Alfa, La sangre lavada (2007); José Miguel Roig con la novela Como bordar flores (2009); El cantante asesinado (2009) de Mario Amengual; Gustavo Ott con la obra Yo no sé matar pero voy a aprender (2010); Lucas García y el thriller La más fiera de las bestias (2011); José Pulido con la novela El requetemuerto (2012); María Isoliett Iglesias con Me tiraste la hembra pa’l piso (2012) e Inés Muñoz Aguirre con la novela La segunda y sagrada familia (2012)”

Fin de la cita

III

Vemos a un hombre de mediana edad, sentado en un largo taburete de un vestidor. Tras de él, contra una hilera de lockers, se sostienen un juego de palos de golf en su estuche. Está descalzo, con unas medias de nylon que van de blancas a amarillentas. Lleva puesta una chemise amarilla, del tipo Lacoste y unos pantalones a cuadros, que nos revelan a un jugador, parte de un club. Descansa viéndonos. En su mano derecha, sostiene un cigarro, debajo de ésta completan el cuadro: un cenicero, una caja de fósforos cerrada, una lista de aciertos en el juego y un bolígrafo de alta factura. Arriba se lee un selling line: I Smoke True

IV

Diez supuestos de la novísima novela policial y política

1.- el contexto rebosa ambición, lujuria e intimidación

2.-  los personajes transitan un camino que va de mal a peor.  A pesar, de que parezca lo contrario, nadie obtiene un ticket de salida, que apeste a cierta paz, en estos mundos.

3.- la mejor vida, el lujo o la simple dominación sobre el otro, hacen que las personalidades egomaníacas obren como candelabros vivientes: iluminando las habitaciones y pasadizos con su luminosidad desfigurada.

4.-  a pesar del sufrimiento de unos -o la temporal victoria de otros-  todos son victimas de un mal mayor, que descabeza su racionalidad o entendimiento, y que llega de la mano del tiempo o el reacomodo de las jerarquías.

5.- las acciones incomprensibles del -o los antagonistas- terminan dando una pincelada de predestinación y de martirio.

6.- el ambiente donde ocurren las acciones se vuelve una máquina vertebrada que arrolla  la empatía o la rabia que puede desdoblarse en el lector.

7.-la novela habla más de su tiempo, de lo que a primera vista se percibe. El crimen del siglo no es el tren robado, no es la casa incendiada, no es el cuerpo enterrado, ni siquiera el recluso inmolado: es la pasmosa y silente complicidad del público de galerías.

8.- la novísima novela negra -policial y política- dibuja un “lugar peligroso y riesgoso”, en palabras de Barbara de Marco-Barret. Nosotros agregamos, que es un lugar público, visible y transmitido en medios cada vez más puestos de lado, como el periódico y la columna de denuncias.

9.- la novela que no sabemos si llamar novísima policial… o política… o ambas… no califica, sino que detalla.

10.- la novela policial y política entretiene al que no padece, justifica su no presencia al que teme, supervisa el sueño del que no dormita, corrompe la buena fe del despreocupado, inocula anticuerpos al que poco observa, y salva del alto precio, que significa asimilarse a la industria del mal.

V

El Clan Perverso de Numa Frías Mileo merece una lectura en capas, porque son varias las envolturas que empapelan la merced de una verdad actual y embarazosa 

VI  

Vemos a un hombre de mediana edad, sentado en un largo taburete de un vestidor. Tras de él, contra una hilera de lockers, se sostienen un juego de palos de golf en su estuche. Está descalzo, con unas medias de nylon que van de blancas a amarillentas. Lleva puesta una chemise amarilla, del tipo Lacoste y unos pantalones a cuadros, que nos revelan a un jugador, parte de un club. Descansa viéndonos. En su mano derecha, sostiene un cigarro, debajo de ésta completan el cuadro: un cenicero, una caja de fósforos cerrada, una lista de aciertos en el juego y un bolígrafo de alta factura. Arriba se lee un selling line: I Smoke True

VI

Ese hombre de mediana edad que se cuela es una imagen recurrente… subconsciente…es un afiche publicitario, que a la manera de Rolo Tomassi, el personaje de James Ellroy en L.A.Confidential nos echa en cara, que en ciertos universos, los malos siempre se salen con la suya, aunque no existan …

Ese hombre de mediana edad vivía dentro de un magazine de Ellery Queen de noviembre de 1975…Ese hombre planteaba un misterio, tanto o más importante, que las historias redactadas para enganchar la mirada y la memoria de los fanáticos del género.  

Ese hombre decía -sin decirlo- que la verdad es tóxica…que la verdad es adictiva…que la verdad nunca trae nada bueno, como no sea decidir dejar de fumarla y recordarla como un vicio que nos resta vida.

Yo fumo verdad. Yo fumo El Clan Perverso.

Muchas gracias

Joaquín Ortega

Librería Alejandría C.C Paseo Las Mercedes 16.12.2014